¡¿Qué hago?! Si respondes a esta pregunta, juro que mi hazaña será a tu nombre. ¿Ya? Te alejas un poco y me doy cuenta que todavía no. Mis manos parpadean sin control alguno, mi mirada alojada en tu boca no quiere irse y esa sonrisita fingida en la mía acaba por desesperarme. Y tú, sigues hablando como si nada, como si lo que va a ocurrir quedará en este momento y no afectará el futuro. Sabes que eso no va a pasar. Mi mente se aleja de la realidad y el discurso comienza: “Este es un paso importante, piensa bien antes de hacerlo, ya no hay vuelta atrá... ¡Carajo! ¡Hazlo de una vez!”
Sigues hablando. La música hace que el carro vibre y mis pensamientos también. Si tendría que compararme con algo ahora, definitivamente sería un iceberg. Tus palabras hacen que la temperatura corporal vuelva a su normalidad y te acercas con la misma intención que yo al principio. Es la primera vez que pienso en el futuro, en cómo se verá afectado después de esto. Pienso pero no me importa, tu presencia impide que las neuronas hagan su trabajo.
El diálogo se agota. Puedo contar tus palabras con una mano, te acercas cada vez más y ahora tu mirada es el huésped de mi boca. ¡Por fin! Está a punto de pasar. Tu última frase es: “No me has dado un beso”. Sonrío incómoda y sutilmente, mi mente se encuentra en un mundo paralelo y yo ya no soy consciente de mis actos. Me agarras la cara, siento como tu nariz se acerca a la mía y tu aliento se torna el oxígeno que inhalo.
Miles de pensamientos y preguntas atacan a mi cabeza. ¿Por qué se siente tan bien besar a otra chica? ¿Es posible que esta sensación permanezca aún después del ósculo? Quién sabe. Mi único reflejo ahora es seguirte besando…
[ieri]
