sábado 13 de junio de 2009

A los 15*...



¡¿Qué hago?! Si respondes a esta pregunta, juro que mi hazaña será a tu nombre. ¿Ya? Te alejas un poco y me doy cuenta que todavía no. Mis manos parpadean sin control alguno, mi mirada alojada en tu boca no quiere irse y esa sonrisita fingida en la mía acaba por desesperarme. Y tú, sigues hablando como si nada, como si lo que va a ocurrir quedará en este momento y no afectará el futuro. Sabes que eso no va a pasar. Mi mente se aleja de la realidad y el discurso comienza: “Este es un paso importante, piensa bien antes de hacerlo, ya no hay vuelta atrá... ¡Carajo! ¡Hazlo de una vez!”

Sigues hablando. La música hace que el carro vibre y mis pensamientos también. Si tendría que compararme con algo ahora, definitivamente sería un iceberg. Tus palabras hacen que la temperatura corporal vuelva a su normalidad y te acercas con la misma intención que yo al principio. Es la primera vez que pienso en el futuro, en cómo se verá afectado después de esto. Pienso pero no me importa, tu presencia impide que las neuronas hagan su trabajo.

El diálogo se agota. Puedo contar tus palabras con una mano, te acercas cada vez más y ahora tu mirada es el huésped de mi boca. ¡Por fin! Está a punto de pasar. Tu última frase es: “No me has dado un beso”. Sonrío incómoda y sutilmente, mi mente se encuentra en un mundo paralelo y yo ya no soy consciente de mis actos. Me agarras la cara, siento como tu nariz se acerca a la mía y tu aliento se torna el oxígeno que inhalo.

Miles de pensamientos y preguntas atacan a mi cabeza. ¿Por qué se siente tan bien besar a otra chica? ¿Es posible que esta sensación permanezca aún después del ósculo? Quién sabe. Mi único reflejo ahora es seguirte besando…

[ieri]

domingo 7 de junio de 2009

¡ pásame la N.. !



Y así llegó. Y no se fue. Está dentro de mí pero no la veo, me hace hablar pero no escucho sus palabras, intenta escapar pero no logra irse. ¿Por qué mierda un viejo barbudo vestido de rojo bajaría por una chimenea dejándome material para jugar? Uno: era absurdo. Ni siquiera me conocía y me regalaba cosas. Dos: no tenía chimenea. Ante esta última afirmación decidí investigar. A penas aprendí a usar el famoso internet, intenté saciar mis dudas con Google.

¿Por dónde entra Papa Noel si en mi casa no hay chimenea? Una de las pocas y confusas respuestas que encontré fue: por la puerta. Entonces todo cobraba sentido. El viejo barbudo entraba por la puerta, dejaba mis regalos y se iba sin dejar rastro alguno, matando cualquier ilusión de conocerlo. Una vez le pregunté a una amiga si había visto a Papa Noel, su respuesta fue tan directa que por un momento la creí cierta. ¡No existe tonta!, me dijo. Y lo único que yo atinaba a hacer era sonreír devolviéndole el comentario: ¡Ya sabía sonsa!

Otro temita en proceso de investigación era el del “ratón regalón”. Sé que suena a empresa de tarjetas “raspa y gana”, pero así lo llamaba yo. ¡Que carajos! ¿Un animal que deja plata por un diente? ¿Para qué lo querría? ¿No tenía suficientes? Esa duda siempre me atormentó. No llegué a conocer la respuesta.

Nunca voy a descartar la posibilidad de que Papa Noel exista, o que el ratoncito más conocido por sus generosos trueques sea real. Si Rodolfo es o no el reno preferido del viejo barbudo, o si un diente totalmente picado vale más que uno a medias. Como sea. El motivo de toda esta ilusión y credibilidad se resume a 5 letras: N I Ñ E Z. Llegó con fecha de elaboración y se quedará en mí sin fecha de expiración…

[ieri]

..*aveces el placer no es suficiente para el cuerpo*..


Mirando tu sonrisa. Tu boca penetra mis pupilas y las lleva a una dimensión desconocida. Tus ojos fijos acarician mi corazón diciéndole que todo va a estar bien. Tus manos estáticas y adheridas a tu cuerpo hacen que parezcas un soldadito de juguete. Te encuentras rígida y pregunto el por qué, sonríes con delicadeza. A mi parecer es lo mejor que sabes hacer. Sientes cómo la cama te devora en un segundo, la almohada encima de tu pecho lo protege de cualquier mirada intencional.

El deseo de tenerte otra vez crea una atmósfera realmente pura. La pasión nos envuelve y mis manos se encuentran de nuevo sobre ti. ¿Hacer el amor es la palabra correcta para este acto? Definitivamente no. El amor no se hace. Se siente. Se transmite. Mis manos tiemblan, no sé por qué, ya lo hice una vez y parece que fuera la primera. Mi mente ya no se deja llevar como antes. Ahora reflexiona, analiza cada gesto y mirada que cae sobre mí. Creo que es por la pregunta anterior. “Tirar” es algo más que placer y eso lo sabe mi cuerpo.

Mi corazón está acompañado por el tuyo, los latidos se juntan y crean prácticamente un paro cardiaco. Me miras a los ojos y lo único que atino a decirte es: Te amo. Esa palabra está fuera de mí, probablemente mi cabeza no está preparada para decirla, pero mi ritmo cardiaco sí. Es más, lo grita como si estuviera en un desierto pidiendo agua. Tu sonrisa cobra vida y se impregna en mi aliento, cada suspiro y gemido se tornan la alegría de estar contigo. En ese momento, en ese lugar, en esa cama.

¡Ya no puedo más! El placer no llena mis expectativas. El amor sí. Te agarro de las manos y aseguro que nunca te voy a dejar. Probablemente esta afirmación no tenga validez mañana, en un mes o en un año, pero el decirla crea una sensación que sobrepasa los límites. Te doy un beso y me echo al otro lado de la cama. Te paras y sonríes como agradeciendo. Yo te miro sin saber el significado de tu expresión. Ahí comienza la travesía…
[ieri]

martes 2 de junio de 2009

*Describirla no tiene limites*



¡Tukutín! No, no es ese comercial que tanto te metieron en la cabeza. Es mi celular. Mensaje de ella. Yo pienso que un mensaje suyo es mejor que degustar un chocolate. Comparo y analizo. El chocolate tiene un sabor, sabor que se aprecia gracias al sentido del gusto. Al igual que este, su mensaje también lo tiene, sabor que se aprecia gracias al sentido que ella le da a mi vida.

¿Soltaste un “ohh” con la intención de encasillarme en el área de los románticos? Afirmativo. Pero no suspires mucho. Mis palabras no merecen tanto reconocimiento, ella sí. Llegó a mi vida como esa moneda de cincuenta céntimos que encontraste cuando te extinguías por el hambre. Fue aliviante. Pedí tantas veces que apareciera ese alguien perfecto y sin rasgos de defectos, que la cuenta se perdió en mi mente. ¿Crees que llegó? Pues no.

Ella no es perfecta, comete errores. Tiene gestos que detesto. A veces usa palabras que no existen ni en el diccionario y yo simplemente la miro. Aunque en ese momento un: ¿Y esta de qué está hablando? me invade. Cuando la veo, la abrazo. Más que un envolvimiento de mis extremidades superiores con su delicado cuerpo, es el amor reencarnado en mí.

Apaga el celular cuando peleamos. Después de calmar su ira y tristeza escuchando música, lo prende. Se da cuenta de mis más de cinco llamadas perdidas y se digna a dar señales de vida. Esto hace que mi mente vuele y mis neuronas se encuentren junto a la bomba nuclear un minuto antes de explosionar. Me desespera. Me encanta.

A veces malinterpreta las cosas que le digo y se encierra en sus creencias, luego se impregna con mi mirada y sola percibe mis buenas intenciones. Cuando no estoy hablando con ella, la pregunta que se puede visualizar hasta en mi frente es: ¿Qué estará haciendo? La intriga se pasea por mi cuerpo como la sangre por mis venas. La extraño. La necesito. Me agobia. Me cansa. Ella no, la necesidad de tenerla sí. ¡Tukutín! Ya era hora…

[ieri]